«Capítulo Duodécimo»
Me bajo cautelosa, sacudo la capa con mis manos, revisó el estado de él antes de preocuparme por el mio. Velkan, tiene un pequeño agujero en el costado derecho de su cuerpo, voy con cautela y tocó la herida. Gruñe.
—Te ayudaré —. Acaricio su pelaje. Mis manos son pequeñas a comparación de su gran cabeza, los dientes son enormes, podría devorar de un mordisco mi cuerpo delgado, escuálido. —Tengo algunas hierbas de utilidad en la torre.
Me sigue, vamos lento hacia arriba y