Enrique Vargas
Mis padres se fueron en la mañana; desde entonces me había encerrado en el despacho. Debía arreglar mi nuevo esquema de trabajo. Mientras estén lejos los dos, me pidieron permanecer más tiempo en Blanco para cuidar de mis hermanos, Jacobo y Eloísa, además de la abuela Josefina y de mis primos Amín y Alejandra. La tía Patricia los dejó a cargo de la abuela y de mí por ser el mayor de la casa. —Alice me rodeó por la espalda, besó mi cuello, mordió mi oreja. Le sonreí.
—Amor, ¿qué d