Enrique Vargas
Mis padres se fueron en la mañana; desde entonces me había encerrado en el despacho. Debía arreglar mi nuevo esquema de trabajo. Mientras estén lejos los dos, me pidieron permanecer más tiempo en Blanco para cuidar de mis hermanos, Jacobo y Eloísa, además de la abuela Josefina y de mis primos Amín y Alejandra. La tía Patricia los dejó a cargo de la abuela y de mí por ser el mayor de la casa. —Alice me rodeó por la espalda, besó mi cuello, mordió mi oreja. Le sonreí.
—Amor, ¿qué día nos vamos?
—Yo no voy a regresar a Colombia por ahora.
—¡¿Qué?! Debo arreglar lo de la boda.
—Alice… quedamos en que nos casábamos al regreso del viaje de mis padres.
—¡Estás loco!
—No. Ahora debo cuidar a mis hermanos. Viajaré cada dos meses. Por ahora, desde aquí manejaré la parte financiera. Además, Enrique ya toma posesión de su cargo.
—Tú eres el gerente general.
—Y él es el presidente.
Estaba enojada. En ese aspecto me valía lo que pensara. Sonó mi celular y era Victoria. Lo tomé antes