Dos años atrás
Liam
No me pareció justo ese castigo, además Milena no había dejado de llorar, tampoco me permitieron consolarla. Miré a papá, ¿por qué castigará a los buenos?
—Liam cálmate. —Inés me tomó de la mano. La miré—. Deja de poner la boca como pico de pollito.
—No es justo.
—Pero cometieron un error.
—No fueron ellos. Y mi prima no deja de llorar. Milena nunca llora, ella es igual de sentimientos firmes y fuertes como los de Dante.
—En el fondo, Milena nos demuestra que sí tiene corazó