Ezequiel
Hace varias horas llegamos y nos encontrábamos en el cuartel. No nos quedamos; todos viajamos y solo los que fueron a buscar a papá se quedaron. Cuando llegué a la casa para dejar mi maleta, besé a mi mujer, tranquilicé a mi madre y hermanas ante el posible secuestro de mi padre. Roland no había dejado de insistir al llamar a mi padre. Cada uno de nosotros se encontraba presto para ayudar en lo que fuera necesario.
Sabíamos que estaba vivo, el traje nos confirmaba que sus signos vitale