Khloe
—Tocaron a la puerta, le di el permiso para ingresar y Sebastián estaba arreglado con mi princesa, portando un traje a juego con el de nosotros dos como padres. La señora Clarisa lo había conseguido.
—Creí que estabas arreglada. —Miró el vestido, se puso rojo; si algo había aprendido, era a conocerlo, y no podía ocultar sus gestos de molestia—. Khloe, no quiero hacerte más daño, en la familia hay una costumbre y no somos pareja.
Aunque lo sabía, escucharlo de su boca dolía, y duele demasi