El miércoles a las cuatro llegó mucho antes de que el reloj lo marcara.
Alice lo sintió desde las seis de la mañana, cuando Max despertó en su ciclo habitual y ella fue a buscarlo con la primera luz entrando por la ventana. Lo cargó, le acomodó la mejilla contra el hombro y le dijo que el miércoles tenía una luz distinta, aunque esa vez no supo si hablaba para él o para ella.
A las tres y media llegó la niñera. Alice le pasó a Max con el cuidado habitual.
—Estaré en el jardín —dijo.
Fue al baño