Alice salió del bar a las seis y cuatro. No caminaba distinto de una forma que alguien pudiera detectar desde fuera. El mundo no registró nada. Pero ella sí: llevaba en el cuerpo la temperatura de una conversación que había cambiado algo sin convertirlo todavía en acontecimiento. La distancia menor que la del miércoles. La puerta cerrada. El mármol verde. La certeza de que, por primera vez, lo que ocurría entre ellos no había necesitado esconderse detrás del protocolo.
El domingo llegó con el pe