El salón principal del Hotel Miller a las seis de la tarde era otro lugar.
No mejor ni peor que de día. Solo otro. La luz cálida sobre las mesas redondas. Flores blancas elegidas por Eduardo. Ciento veinte sillas. Cristalería alineada. El logo del fondo de inversión de Natasha proyectado al fondo en un azul sobrio.
Alice lo sabía por experiencia: un hotel cambia de identidad cuando deja de prepararse y empieza a ser visto. Esa transición, silenciosa, siempre le había parecido el inicio real de c