A SU RITMO
Las tres palabras de Liam decían: Yo también lo sé. No eran las más evidentes. No decían yo también quiero, ni yo también lo espero, ni ninguna de esas respuestas que habrían intentado convertir en declaración lo que todavía estaba aprendiendo a sostenerse. Eran más simples. Más exactas. Como si Liam hubiera entendido que no necesitaban empujar la frase de Alice hacia ningún lugar. Los dos habían llegado al mismo punto por caminos distintos. Ella con su cajón, con el papel doblado, con la habita