Mientras miraba a Josephine, vi cómo Rob estiraba la mano para acomodarle el cabello detrás de la oreja, según él para quitarle algo que ni siquiera estaba ahí. Hablar era una cosa, pero tocarla era otra.
Ella sonrió y le dio las gracias, pero para mí fue la gota que derramó el vaso. Ya no podía seguir haciéndome el loco.
Me levanté del tapete de picnic y fui camine lo más rápido que pude hacia donde estaba Josephine.
"¿Podemos hablar un momento?" le dije, y me lanzó una mirada de '¿con qué vas