Entré a la habitación. Aunque ya era tarde, el sol brillaba fuerte, y las cortinas estaban amarradas para que la luz entrase al cuarto. Mi madre estaba sentada en la cama mientras que Katya le daba avena, pero parecía que no tenía ganas de comer.
"Buenas tardes, Su Majestad." me saludó Katya, y yo asentí.
"Katya, podrías dejarnos a solas un momento." le ordené a mi cuñada, y ella dejó el plato de avena sobre la mesa y salió de la habitación.
Mi madre me miró con sus ojos tristes y apagados