El pobre del Melvin intentó abrir su ojo bueno, y cuando finalmente logró medio abrirlo, le pedí que se levantara. Aunque estaba encadenado, podía aun moverse.
"Su majestad", dijo con una voz ronca. Tenía la garganta seca, así que llamé a un Kappa para que le trajera agua.
No lo hacía por amabilidad, era porque necesitaba que pudiera hablar. Esperé a que el Kappa consiguiera el agua, y cuando Melvin tomó un sorbo, ordené que se fuera. La tristeza en sus ojos demostraba que quería más, pero, d