Prendí la luz y me miré en el espejo. Un rastro de marcas rojas cubría mi cuello y llegaba hasta el pecho. En donde tenía las marcas se veían que se me estaba inflamando la piel y me picaba mucho.
Mojé una toalla con agua fría, luego la coloqué sobre las ronchas para enfriarlas, pero luego sentí lo mismo en la espalda. Era obvio qué lo había causado.
"Leo...." escuché la voz de Sylvester de nuevo. Aunque me sentía incómodo, sabía que tenía que responder.
"Buenos días, Sylvester." le contes