Dos horas después, Damián regresó a Palmas Doradas.
A mediodía comenzó a llover. El lugar de la explosión era un completo caos.
Más de cien rescatistas trabajaban sin descanso, junto con diez perros de búsqueda, pero el fuerte olor del lugar afectaba el olfato de los canes.
Apenas bajó del coche, Damián vio a Lucas con las manos esposadas, siendo custodiado, con la mirada perdida.
—¡Lucas, maldito!
Damián le propinó un puñetazo con toda su fuerza.
La sangre brotó inmediatamente de la nariz y boc