Las cosas se esparcieron, esa caja de ácido fólico era demasiado evidente.
Lucas la miró fijamente.
Judy sabía que había metido la pata, inmediatamente se agachó para recoger las cosas, pero estaba tan nerviosa que se le enredaban las manos.
Una mano grande tomó esa caja de ácido fólico y se la entregó a Judy.
Judy extendió la mano para recibirla, con el corazón a punto de salírsele:
—Gracias.
Pero Lucas no soltó la caja. Primero miró a Judy, luego alzó la vista hacia Susana, observando sus zapa