Se abrió la puerta, Melisa como un pajarito se lanzó a los brazos de Álvaro.
Las necesidades fisiológicas del hombre de mediana edad se desbordaron como un incendio forestal imposible de controlar. Después de varias rondas apasionadas, finalmente logró apagar el fuego que tenía por dentro.
Melisa se acurrucó en los brazos del hombre, se quedaron así un buen rato hasta que ella puso los pies en el suelo y fue al baño.
Después de un momento, el baño se llenó de vapor. Mientras se lavaba, la mujer