En la sala de estar, cálida como primavera, muy cómoda.
Damián se quitó el abrigo, debajo llevaba un suéter negro de cashmere delgado, la tela fina dejaba entrever sutilmente los músculos de su pecho, junto con sus hombros anchos, incluso sentado tranquilamente, se veía atractivo.
Elia tenía un libro de cuentos y leía con mucha expresión:
—Había una vez una Blancanieves, que tenía una madrastra.
—La madrastra tenía celos de su belleza, entonces pensó en un plan, usar una manzana envenenada para