Elia miraba la nieve blanca afuera, en un trance sentía que al patio entraría un auto negro. Papá se bajaría del auto, en las manos tendría un ramo de fuegos artificiales, comprados especialmente para ella y Mateo.
¿Cómo podría estar muerto papá?
Papá aún no había cargado a la hermanita, no podía estar muerto, pero ella esperaba y esperaba, cada día esperaba junto a la ventana, y no lograba que papá regresara.
En los ojos de Elia había lágrimas, no pudo evitar lanzarse a los brazos de mamá.
—Mam