La primavera dio paso al verano. En junio, el vientre de Aitana comenzó a hacerse visible, con una forma puntiaguda que sugería que sería una niña.
En una noche estival, bajo un cielo azul oscuro.
La pérgola de la mansión estaba cubierta de glicinas en flor. Los racimos se mecían con la brisa nocturna, sus tonos violeta pálido lucían frescos y encantadores.
Aitana descansaba en una tumbona, dormitando suavemente.
Una pequeña manta la cubría.
Su largo cabello negro, como las glicinas, danzaba lev