Esa noche, regresaron a la mansión.
El Año Nuevo llenaba Palmas Doradas de una animación especial.
En el automóvil, los dos niños charlaban animadamente mientras los adultos, sentados al otro lado, contemplaban las luces de la ciudad, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
La mano de Damián buscó silenciosamente la de Aitana, quien no la apartó.
Al llegar a casa, la parlanchina Elia dormía profundamente, incluso con un hilillo de saliva.
Mateo también dormía, balbuceando palabras dulces en