En el estudio de Alejandro, padre e hijo estaban a solas.
El aroma a incienso de pino flotaba en el aire. Damián había encendido incienso para su abuelo con gesto reverente.
A un lado, Fernando habló repentinamente:
— Damián, quiero que me jures que no tienes nada que ver con lo de Mariana. Júralo frente al retrato de tu abuelo y te creeré.
Damián bajó la mirada. Después de un momento, una leve sonrisa se dibujó en su rostro:
— Papá, ¿desde cuándo sientes compasión por ella?
Fernando lo miró int