— Te lo diré cuando lleguemos —respondió Aitana.
Para su sorpresa, Damián le había comprado un bolso de platino de edición limitada, uno de los cincuenta que existían en todo el mundo y que ni siquiera se vendía todavía en Palmas Doradas.
Bajo la luz cálida, Damián bajó la mirada, con expresión extremadamente tierna:
— ¿Te gusta? Recuerdo que era tu estilo favorito.
A Aitana le gustaba, aunque no era algo que la obsesionara. Aceptó el bolso y le dio las gracias en voz baja.
A Damián le encantaba