Junto con el atardecer anaranjado, todo parecía cálido y difuso, como si por un instante, el pasado y sus heridas nunca hubieran existido.
A través del tenue humo, los ojos de Damián se fijaron intensamente en Aitana:
—Sé que me odias. Sé que quieres recuperar a Mateo, pero eso no es posible.
—Aitana, no es que yo valore más a un hijo que a una hija.
—Mateo es mi vida.
...
¿Por qué?
Porque a Damián solo le quedaba Mateo.
Durante aquellos tres años, Mateo pasó diez meses en una incubadora.
Despué