En la profundidad de la noche, en un hospital de Puerto Real.
El cielo negro parecía haberse abierto, dejando caer una lluvia torrencial que limpiaba todo el paisaje, creando una escena casi fantasmagórica.
En la sala de partos del segundo piso, Aitana yacía en la cama, inhalando y exhalando bajo el aliento de los médicos, esforzándose por traer a sus hijos al mundo.
A medianoche, se le había roto la bolsa. Rápidamente, el primer bebé comenzó a moverse hacia el canal de parto. Cuando llegaron al