A finales de enero, Damián recibió una llamada desde Calle Sur 618 en Palmas Doradas, el primer manicomio de Palmas Doradas.
Después de un mes de interrogatorios, Mariana se había mantenido firme y había resistido.
Pero un certificado de enfermedad mental la había enviado al manicomio.
El médico de Mariana, el doctor Ruvalcaba, un hombre de unos cuarenta años, era muy discreto y mantenía a Damián informado de cualquier novedad sobre Mariana.
Por teléfono, el doctor Ruvalcaba habló con voz serena