Capítulo 19
Los guardias arrastraban a Lía sin ninguna consideración, pronto sus brazos delicados y suaves y sus muslos estaban cubiertos de moretones, un espectáculo desgarrador. La mansión se llenaba de sus gritos descontrolados:

—¡Vieja amargada! ¿Me tienes envidia porque no puedes tener hijos? ¡Damián se enterará y no te perdonará, él me protegerá y me querrá más!

Cada palabra era como una aguja diminuta que se clavaba en el corazón de Aitana, causándole un dolor continuo y profundo.

Ella se acercó a L
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Claudia SerranoY casualidad que no escucho las palabras de esa zorra.
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