—Damián, aún no tienes treinta años, todavía tienes muchas oportunidades para tener hijos. Como favor a esta anciana, por el bien del niño, dale una oportunidad de vivir. Mi Aitana no es tan frágil; aún puede escribir y ver, educará al niño para que sea educado y capaz... Déjala volver a casa, y te permitiré ver al niño.
...
La abuela dijo mucho más, y Damián escuchó en silencio.
No dijo que sí, ni que no.
Tomó los pequeños zapatos que la abuela había hecho, destinados al pequeño Mateo. De terci