Quien abrió la puerta fue Ana.
En la noche helada de Magnolia, Damián llevaba solo un ligero abrigo, evidentemente había venido con prisa.
Ana lo examinó durante un momento y dijo en voz baja: —La señorita Balmaceda ya se acostó, cualquier asunto puede esperar hasta mañana.
Pero Damián no podía esperar: —Esperaré en la sala hasta que despierte.
Ana quiso decir algo más pero se contuvo.
En ese momento salió Aitana, vestida con una bata de algodón, su cabello negro suelto sobre los hombros y con a