En los ojos de Damián se reflejaba un deseo evidente. Aitana estaba molesta y no quería verlo, dejando que los abogados se encargaran de su divorcio.
Intentó cerrar la puerta, pero Damián fue más rápido. Con un movimiento, impidió que se cerrara y entró sin dificultad...
Apenas la puerta se cerró, Aitana ya estaba entre sus brazos.
Damián la rodeó por su delgada cintura, apretándola contra sí con frenesí. La besó casi con locura, y Aitana no podía zafarse. Así, entre empujones y tropiezos, lleg