Aitana sentía que algo no andaba bien con Damián. Debía estar sufriendo por amor, pero la vida privada de su casi ex marido no era de su incumbencia: era parte de la madurez de una mujer moderna.
No podía echarlo, y tampoco le interesaba verlo fumar. Recogió su cabello húmedo hacia atrás, lo sujetó con un pasador de tiburón y se calzó las pantuflas para ir a la cocina y prepararse un tazón de fideos vegetales.
La verdad es que Aitana cocinaba bastante bien, aunque durante su matrimonio con Damiá