—¿Tu mujer? —susurró—. Yo no soy una de tus propiedades, Dominic. No soy una ruta de importación ni un almacén en los muelles. Si intentas retenerme por la fuerza, lo único que vas a tener en esta casa es una estatua de mármol que te odia. ¿Es eso lo que quieres? ¿Ser el dueño de mi cuerpo mientras mi alma te desprecia?
Me quedé helado. Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier bala. Mi mano, que estaba sujetando el marco de la puerta, flaqueó. Chloe aprovechó ese segundo de debilidad,