Dominic Blackwood
El GPS marcaba una zona industrial olvidada, un laberinto de galpones oxidados que parecían devorar la poca luz de la luna. Miller conducía con una precisión suicida, mientras Spencer, a mi lado, revisaba su arma con manos temblorosas. Habíamos decidido no llamar a Liam; él estaba con Mia, y no podíamos arriesgarnos a que perdiera la cabeza y cometiera un error que pusiera en peligro a nuestra hermana. Además, esta deuda era mía.
—No tienes que hacer esto, Spencer —le dije, ca