**A la mañana siguiente**
Mi alarma sonó y gemí. No quería despertarme todavía, era demasiado temprano. Me cubrí la cabeza con la manta y traté de volver a dormirme, pero de repente me quitaron las sábanas y, cuando me levanté para gritarle a quien fuera, me sorprendió ver a Roman.
“¿Qué estás haciendo en mi habitación?”. Él sonrió.
“Nena, estás en MI cama. Vamos, tienes que levantarte, tienes un avión que tomar”. Miré alrededor de la habitación y me di cuenta de que tenía razón. Me había que