El coche negro se detuvo frente a la enorme mansión, cuyos ventanales resplandecían con las luces cálidas que iluminaban la noche. Alejandro suspiró con resignación. No había querido asistir a esta reunión, mucho menos para celebrar un cumpleaños que para él carecía de significado. Pero su madre, fue realmente insistente.
—Hijo, solo será una noche —le decía ella con una sonrisa firme, casi como una orden disfrazada de solicitud—. Te lo mereces.
Alejandro la miró, enarcando una ceja con indifer