Alejandro abrió la puerta de su departamento en la penumbra de las tres de la madrugada. Tras la larga y sofocante noche en la mansión, lo único que deseaba era un momento de paz. La reunión había sido agotadora, y la desvelada lo hacía sentir aún más exasperado. Caminó directo a la cocina, deseando beber algo de agua para calmar la sequía en su garganta.
Al encender la luz, un destello morado a trajo su atención. Allí, sobre el bote de basura, vio una caja de pastel arrugada y algo sucia. Frun