—Miren quien volvió, la lunática de Helen, —Cristal bebía una copa, los hielos se agitaban vigorosos en las paredes del vidrio grueso. Ella sonreía con la cabeza inclinada a un lado y para mí era mejor evitarla y seguir adelante. Se paró de en medio del sofá en que se encontraba sentada y se puso justo delante de la escalera. Estaba un poco ebria, tenía intenciones de lastimar a mi hijo.
—Déjeme en paz, yo no fui quien decidió venir aquí, si me hubieran preguntado mil veces hubiera dicho que no