Isabel se había despertado tras haberse desmayado en el pasillo. Ahora, en la habitación en la que estaba, estaban Sam y Teresa y no se habían percatado de que ya estaba despierta.
—¿Cómo es que no me di cuenta antes? —decía Sam, despeinándose su larga y rubia cabellera—. Sus pleitos, la insistencia de Isa en no aceptar que Jareth la cuidara, el que se haya ido de la casa… Celina… Dios mío.
Isabel volvió a cerrar los ojos, no estaba lista. El miedo la atravesó y se mezcló con la desesperación d