22. Mi corazón late desbocado.
Emir
Valeria estaba claramente nerviosa. Incluso Rodrigo la miraba con insistencia. De pronto se apartó de ella y caminó hacia mí.
—¿Cómo estás, hermano?
Antes de responder, lo vi lanzar otra mirada hacia Valeria. Ella negó con la cabeza y, sin decir una palabra, entró al hotel a toda prisa.
Me quedé observando a Rodrigo, expectante, con muchas preguntas rondando en mi cabeza. Sin embargo, traté de disimular. Carraspeé ligeramente.
—¿Qué haces aquí tan temprano?
—Vine a verte —respondió—. Querí