Me había desmayado con la cabeza en la pierna de Sabueso en cuanto subimos al taxi. Mi cabeza palpitaba con un dolor que no había tomado en cuenta. Solo lo hice cuando el frío pasó a un segundo plano gracias a la calefacción del auto.
Pero estaba aliviada porque estaba a salvo. Había cuidado de mí para poder salir de esa casa, pero ahora Sabueso lo haría por mí, tenía fe en eso.
Y aunque no la tuviera, no podría hacer nada, mi cuerpo no daba más.
El dolor y el cansancio me envolvían en una burb