Gio escuchó el timbre y como siempre hacía, salió corriendo para abrir la puerta. Al hacerlo, quedó en silencio con la boca abierta. Un hombre alto y fornido con el semblante adusto y mirada penetrante se encontraba frente a él. El niño se sintió algo atemorizado, pero aun así le habló amistosamente.
_ ¿Y tú quien eres? ¿Qué deseas?
Edward frunció el ceño, según su criterio, ese niño parecía bastante indisciplinado.
_ Estoy buscando a la señorita Lombardi _ dijo en un tono que a Gio le de