El silencio reinaba en el avión privado que los trasladaba a Washington. Tanto James como Sofia eran prisioneros de distintas emociones.
La joven sentía una inmensa ansiedad por ver a su pequeño mezclada con una inmensa tristeza, al saber que tendría que enfrentar a quien durante años había sido su mejor amigo, casi su hermano. En su sensible y compasiva alma, no cabía la posibilidad de reprocharle nada, no podía ni quería hacerlo. Sentía en su corazón, que se debía una conversación definitiv