El viaje de Aidan avanzaba sin contratiempos, al menos por ahora. Mientras conducía hacia Washington D.C., Alex dormía profundamente en el asiento trasero, ajeno al caos que su ausencia había desatado. Aidan miraba por el retrovisor, su expresión era una mezcla de triunfo y preocupación. Sabía que cada kilómetro que recorría lo acercaba a su destino, pero también que los pasos en falso podían costarle caro.
Su tío, un hombre acostumbrado a operar en las sombras, había trazado cada detalle del