Disimuladamente, Anna siguió a Sofia hasta el baño, sin darle tiempo a Aidan para que hablara con su esposa. Apenas entró al tocador, encontró a la chica con los ojos enrojecidos y totalmente consternada.
_ Yo ... yo ... _ musitó Sofia, sin poder hilar las palabras.
Anna suspiró y avanzó hacia ella, mirándola con compasión.
_ No es necesario que digas nada _ le dijo con firmeza _. Sé que no tendría que estar aquí, hablando contigo. Como abogada de la otra parte, no es ético hacerlo. Pero,