Capítulo 134. El último ruego.
Una vez que Sandra se despidió, Nicolás y Emma se aseguraron de que los gemelos estuvieran profundamente dormidos en sus cunas y luego subieron a su habitación.
Tras los agotadores eventos de los últimos días, aquel espacio se sentía como un verdadero santuario.
La habitación estaba a oscuras, iluminada únicamente por la cálida luz dorada de la lámpara de noche.
Ambos estaban acostados, abrazados bajo las pesadas sábanas de seda en medio de un delicioso y reconfortante silencio.
Emma descansaba