El despertar en el penthouse de Leonardo Alcázar no se parecía en nada a las mañanas que Emma había conocido durante sus veinticuatro años de vida. No había ruidos de tráfico lejano, ni el aroma al café barato que solía preparar en su pequeño apartamento. Aquí, el silencio era absoluto, roto únicamente por el zumbido casi imperceptible del sistema de climatización de última generación.
Emma abrió los ojos y se quedó mirando el techo altísimo. La seda de las sábanas se sentía como una caricia fr