*—Theo:
Ya no podía más.
Llevaba tres meses con esta incertidumbre y no valía que visitara a profesionales de la salud y de la mente, Theo estaba agotado. Cada día se levantaba con los mismos síntomas, la misma angustia, y sin respuestas claras. Había llegado al punto de sentir que estaba perdiendo la cordura.
Un día, mientras estaba en su oficina, Theo decidió que ya no podía seguir ignorando lo evidente. Necesitaba respuestas, por lo que contactó a su cuñada Ariel, quien a su vez hizo algunas