La fiesta terminó con Leo derrotado (y con un bebé dormido en cada brazo), Bianca jurando que nunca más volvería a una casa con niños, y Juliette sonriendo desde las sombras al ver a Julián y Mía compartiendo un momento de paz en la terraza.
—Mañana a las ocho, Mía —dijo Julián, dejándola en la puerta de su habitación—. Sin hermanos, sin trillizos y sin fotógrafos italianos.
—¿Es una cita, Sterling? —preguntó ella, acariciando a Missiu Leguau, que acababa de aparecer con una pluma del antifaz d