La calma duró poco. A la mañana siguiente, la realidad del octavo mes golpeó con fuerza. Mía se despertó sintiéndose "como un edificio de diez plantas sin ascensor" y Paz no podía ni verse los pies.
Julián, en un ataque de ingenio post-romántico, intentó diseñar un sistema de "levitación magnética". —¡Mía, amor! He adaptado los imanes de la maqueta del museo de Dubái para tus zapatos. ¡Si logramos la polaridad correcta, caminarás sobre el aire y tus tobillos no sufrirán! —explicaba Julián mient