El regreso a la oficina fue una lección magistral de contención. Leo y Valeria se movían por el penthouse corporativo como dos extraños perfectamente coordinados. Valeria había puesto en práctica su nueva actitud: la profesionalidad era una armadura, y sus respuestas eran concisas y estrictamente funcionales.
Cuando ella le entregó la agenda del día, Leo la miró a los ojos, buscando un rastro de la mujer de la noche anterior, pero solo encontró a la asistente inexpugnable.
"Necesito el report