CAPÍTULO 21. El precio de seguir respirando.
Capítulo 21
El precio de seguir respirando.
El reloj marcaba las dos de la mañana.
Gabriel seguía en la sala, en silencio, inmóvil, con los codos apoyados en los brazos de su silla, la cabeza hundida entre las manos.
En el pecho le ardía la confesión que había escapado de sus labios sin permiso:
“Ya no sé cómo alejarme de ti.”
Maldita sea.
No debió decirlo. O al menos no de ese modo. Con tanta rabia, con esa necesidad que lo volvía patético.
Pero era una cruda verdad. Isabela estaba destruyendo